La pérdida de la inocencia

Posted on 3 septiembre, 2007. Filed under: DIMETU |

La inocencia se puede definir como una condición especial del alma, que está limpia de toda culpa. Un estado total de pureza, sin las manchas, que luego, trae la vida. Se la puede asociar con la ingenuidad o con la falta de malicia. Muchos la relacionan con la virginidad o con algunos aspectos que rodean a la sexualidad……¿Pero qué pasa cuando perdemos esa pureza?


La bella infancia

Prestale atención a un bebé. Miralo fijo a los ojos y descubrí ese brillo distinto. Esa ternura que lo hace más hermoso, puro y cristalino. Esa es la inocencia. Esa marca que vamos perdiendo cuando crecemos, cuando nos vamos poniendo viejos. Como cantaba Pappo: “… yo soy un hombre bueno, lo que pasa es que me estoy viniendo viejo.”

¿Cuántas noches esperaste a los reyes magos?, ¿cuántas veces dejaste los zapatitos y el pastito a ver si venían? ¿no creés que perdiste una parte de tu inocencia cuando te enteraste que los Reyes Magos eran papá y mamá?
“Los ojos de los niños y de los bebés son los mejores espejos, de lo que lamentablemente perdemos cuando crecemos.”

Cuando vamos abandonando la infancia y empezamos a comprender como funciona el mundo, día a día vamos gastando nuestro poder de asombro, con las cosas que nos hacen mal. Quizás se va perdiendo inocencia cuando se gana experiencia. Lamentablemente no se pueden cerrar los ojos para evadirnos de lo que nos rodea.
La inocencia está en el abrazo sincero, en el apretón de manos franco, en las lágrimas de verdad. Es jugar a las escondidas sin trampas, intercambiar miradas pícaras entre amigos, decir lo que pensamos abriéndonos sinceramente.


El afecto y la ternura se mezclan con la inocencia, se hacen carne, por eso cuando se quiebran, pueden doler como agujas clavadas en el corazón.

“Natalia la miraba a los ojos y sabía que algo andaba mal. Desde su temprana edad no lo podía entender. Mimí estaba echada en el mismo rincón de siempre, pero temblaba de dolor.”
“La niña se acercó para acariciarla, intentando animarla para jugar. Pero Mimí ya no maullaba, ni tenía fuerzas para correr ni saltar.”
“Una y otra vez le preguntaba a su mamá que le pasaba a su “mejor amiga”, la que tantas noches le hacía compañía y la ayudaba a dormir. Su mamá, una y otra vez le respondía, mientras le acariciaba la cabeza aclarando una y otra vez que todo iba a pasar. Una tarde llegó el “hombre del maletín”. Estuvo sólo unos minutos a solas con Mimí. Le dijo algo en privado a su mamá y luego se fue tal como llegó.”
“Natalia estaba ansiosa por saber que había pasado. Su mamá la sentó sobre su falda y le dijo que Mimí ahora estaría mejor porque se había ido con Dios. Natalia no pudo cerrar su boca, ni salir de su asombro. Fueron varias noches las que le costó dormir. Con el tiempo comprendería, que muchas veces, la inocencia se pierde con dolor…”

No es sencillo para un niño, entender que nada es para siempre, y que a veces hay que dejarlos partir.

Los caminos de la vida

Cuando descubrimos eso que no queríamos saber de un amigo, cuando nos enteramos del “otro lado” de la verdad, algo se rompe dentro de nosotros.
Cuando comprendemos cosas que hubiéramos preferido no comprender. Cuando nos cuentan historias que no quisiéramos escuchar. Se hace difícil evadir el deseo de llorar.

¿Cuántos desengaños tenemos que pasar hasta que los años nos enseñen? Quizás tengamos que aprender que las matemáticas no explican al corazón y que nos levantamos y volvemos a tropezar, con una nueva piedra o con la misma de ayer.
Las palabras de amor, las promesas de historias que no deberían terminar, son algunas de las cruces que debemos cargar.

“Virginia se sentó en su cama y no dejó de llorar, hasta que el dolor le dio descanso por un rato. El primer desengaño había hecho estragos en ella. La sensación de congoja parece más fuerte cuando se dan los primeros pasos en el amor. Se le rompió el corazón, cuando vio a Federico besándose con su mejor amiga, una escena que le provocó una sensación de desprotección, como nunca antes había sentido. Se estaba abriendo a la vida y a sus espinas. Con lágrimas humedeció sus penas, que se le subían a la cama como un ejército asesino del amor.”

Aprender es parte de crecer, aunque hay lecciones que uno nunca quiere tener. Su rostro angelical estaba hundido en un profundo pesar y un pedazo de inocencia se desprendió de su dulce corazón.


El despertar sexual

Algunos especialistas dicen que no hay un momento preciso en el cual se produce el despertar sexual, aunque desde que nacemos hay claras diferencias entre el varón y la mujer. Sin embargo sabemos, que es la adolescencia un tiempo de especial fervor para todo lo referente al sexo. Comenzando por conocerse a uno mismo y luego con quien compartimos nuestra intimidad y elegimos para tener relaciones.

Seguramente la primera relación sexual es un punto de inflexión definitivo para la vida de la persona. La apertura a nuevas sensaciones, marca el inicio de una etapa trascendental para el individuo, especialmente en el plano psíquico.
Las verdades y las mentiras sobre el tema influencian a ambos sexos. Los mitos parecen eternos. Los cambios sociales y culturales nos muestran una nueva realidad, que hacer hincapié en la concientización y la importancia de cuidarse a la hora de tener relaciones.

Otro aspecto fundamental en este sentido, es el emocional. La vulnerabilidad que pueden experimentar algunas personas, los miedos y las dudas son factores que no hay que descuidar. Por eso es importante tener siempre alguien con quien hablar y que nos pueda aconsejar.
Las relaciones de pareja no pasan solamente por la cama, tienen muchos lugares y “rincones” que deben ser cuidados por quienes la componen.


En ocasiones ocurre que las personas no son como las vemos o como las sentimos. A menudo puede pasarnos que nos dibujamos un personaje irreal en nuestras mentes y así concebimos amores, amistades o afectos en general. No hay que crear falsos dioses, ni héroes inexistentes.
“Rodrigo ya no era su príncipe azul, más bien parecía un triste maniquí en ropa interior. Ella ya no lo veía como Superman, le parecía un hombre normal. Y eso le causaba tanto dolor, porque no lo distinguía de los demás. Su primera vez no había sido como lo había soñado. No había velas de colores, ni rosas rojas perfumando el lugar. Estaban solos los dos, en una fría habitación que miraba al sur. Esa noche no lo disfrutó como tanto lo soñó. A él nunca más lo vio. Y fue tan duro el golpe que recibió, que tuvo que pasar mucho tiempo, hasta que le volvería dar una chance al amor…”

Para finalizar, es bueno pensar que todavía nos queda algo de inocencia guardada. Que a pesar de los años y de los daños, no se nos escapó toda la pureza. Que todavía hay sensaciones sinceras escondidas en nuestros anhelos, en cada uno de los sueños que no perdimos con el tiempo, y que aún laten con todo fervor dentro de nosotros.

 
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