¿Excéntrico yo?

Posted on 5 septiembre, 2007. Filed under: DIMETU |

Dejando de lado las conocidas locuras de Nerón y Caligula, la historia de Roma registra un emperador que supo dilapidar la fortuna del imperio en toda clase de excentricidades. Bajo el nombre de Marco Aurelio Antonino (205 a 222 d.c.) fue coronado a la edad de 14 años y desde el primer día de utilizó su poder para potenciar su conducta extravagante. Abiertamente homosexual, asombró a sus súbditos cuando hizo su entrada triunfal al palacio, travestido y montado en un fastuoso carro arrastrado por docenas de mujeres completamente desnudas.

Su gobierno, estuvo plagado de banquetes donde solía invitar grupos de personas con rasgos físicos particulares. Así, sus esmerados sirvientes le conseguían ocho rengos, ocho sordos, ocho negros, ocho alvinos, etc. los cuales tenían que comer mientras soportaban los chistes de mal gusto con los que el emperador se burlaba de ellos.

Una de sus bromas preferidas consistía en encerrar a sus invitados en habitaciones con leones y tigres. La gente, aterrada, golpeaba las puertas con desesperación sin saber que a las fieras les habían sacado dientes y garras para evitar cualquier peligro. Marco Aurelio se reía a carcajadas desde su escondite, mientras contemplaba la escena como un niño que se sale con la suya luego de hacer una travesura.
Además de organizar casamientos, donde “desposaba” a jóvenes gladiadores, tenia la costumbre de beber vino solo en copas de oro o plata, las cuales tiraba después de vaciarlas. Se dice que nunca bebió dos veces de la misma copa.


Otro romano, el poeta Virgilio (70 a 19 a.c.) autor de la clásica obra “La Eneida” sufrió un gran disgusto cuando falleció su mascota preferida: una mosca.
Con motivo de su funeral, que fue llevado a cabo en la mansión que poseía en el monte Esquilino, concurrieron numerosas celebridades de la época, entre ellos Mecenas, protector personal de Virgilio, que pronunció unas sentidas y conmovedoras palabras elogiando las mejores virtudes del desaparecido insecto.

También participó Virgilio, cuya pérdida le inspiró dos poemas que leyó visiblemente afectado. Mientras tanto una orquesta que tocaba suaves melodías acompañaba sus palabras.
La mosca finalmente, fue depositada en un mausoleo especial, construido para la ocasión. Se calcula que toda la ceremonia fúnebre tuvo un costo aproximado de unos 800000 sestercios, es decir unos 100.000 dólares actuales.

Más cercano en el tiempo, el comerciante americano Timothy Dexter (1747-1806) quien hizo su primera fortuna vendiendo carbón en Newcastle, fue un hombre de mínima visión comercial, pero con muchisima suerte. Una parte importante de su fortuna personal la hizo al enviar a las indias occidentales (o sea al Caribe) un lote de calentadores de cama.
En el tórrido clima del trópico nadie necesitaba de esos artefactos pero los nativos las compraban para cocinar pescado y el negocio terminó siendo un éxito.

Con el dinero obtenido, Dexter adquirió una enorme propiedad en Massachusetts donde armó una especie de reino a la medida de sus delirios. Primeramente, instaló en la entrada de la casa una colección de cuarenta estatuas de madera de tamaño natural que representaban los personajes históricos más importantes, donde se encontraban, entre otros Adán y Eva, George Washington, Luis XVI, Napoleon Bonaparte y el propio Dexter.
Luego se procuró una corte real, conformada por su esposa (de la cual aseguraba era en realidad un fantasma), un astrólogo, un gigante con retraso mental en calidad de bufón, una ama de llaves a la que presentaba como una princesa africana y un poeta oficial.


En 1802, escribió su autobiografía en donde aseguraba era el candidato ideal para ser elegido Emperador de los Estados Unidos.
Además, el libro estaba conformado por una sola oración, sin ninguna ilación argumental u orden lógico. Como carecía de cualquier signo de puntuación, que hacia virtualmente imposible su lectura, Dexter dispuso que la segunda edición estuviera provista de un apéndice repleto de comas, puntos y signos de interrogación para que los lectores los pusieran donde le pareciera más oportuno.

Sin duda pocos hombres tan coquetos como el dandy inglés George Bryan Brummel (1778- 1840) conocido como el “bello Brummel” quien necesitaba de cinco horas por día para su arreglo personal (otras fuentes señalan unas nueve horas)
Una de sus costumbres era enviar su ropa a Francia para que allí fuese lavada y planchada. Otra, era sacarle brillo a sus botas, humedeciéndolas en champagne. Brummel estaba en todos los detalles, sus hojas de afeitar eran colocadas entre pergaminos de ediciones clásicas para dotarlas de la suavidad que su piel necesitaba.

Considerado un referente de la moda y el buen gusto de la época, su particular personalidad quedó reflejada en las numerosas anécdotas que se refieren a sus caprichos. Arthur Conan Doyle, por ejemplo, lo utilizó como uno de los personajes de su novela Rodney Stone.
Siempre fue protegido por la realeza, hasta que una discusión con el príncipe de Gales fue el principio de su caída. Jamás pudo volver a ocupar un lugar de privilegio. Acosado por las deudas huyó a Francia donde años más tarde murió de sífilis y sin un centavo.

 

Make a Comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Liked it here?
Why not try sites on the blogroll...

A %d blogueros les gusta esto: