El misterioso arte de soñar…

Posted on 16 enero, 2008. Filed under: ¿? |

Los hombres de ciencia dirán que se trata de “una lógica y perfectamente explicable manifestación del subconsciente”. Los hombres de fe, en cambio, afirmarán -por ejemplo- que “son un arte que excede a la comprensión humana”.

Los optimistas los definirán como “una útil guía para poner en práctica una vez despiertos”. Los pesimistas se limitarán a decir que son “una obligación y nada más”.

Los poetas expondrán que estamos ante un “camino en donde la sensibilidad se cruza con el deseo”. Y los mediocres hablarán de "un atajo hacia las pesadillas”.

El resto se limitará a llamarlos por su nombre: sueños.

El término en sí parece ser demasiado pequeño para todo lo que en verdad encierra. De hecho, aún si tomáramos el diccionario puede que la definición que encontremos sobre la palabra “sueños” parezca bastante amarreta: “del latín <<somnum>> designa tanto el acto de dormir como el deseo de hacerlo // Imagen sin fundamento representada en la mente // Proceso de soñar conocido verdaderamente bajo el término <<ensueño>>”.

No lo piense dos veces: cuando necesite una definición no recurra a un diccionario sino a un escritor.

 

“El sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos” dice Miguel de Cervantes Saavedra. “Soñar es la actividad estética más antigua” agrega Jorge Luis Borges.

“Somos del mismo material del que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños”, se explaya William Shakespeare.

Sin dudas, la definición de a poco va mejorando y tomando color, pero aún quedan muchas dudas que ni los poetas con sus bonitas palabras ni los diccionarios con sus rectas pero insustanciales definiciones, han sabido respondernos.

¿Qué nos queda por hacer?. Lo que siempre hacemos cuando pensamos que algo nos está volviendo locos: ¡llamar a un psicólogo!.

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, fue también una de las personas que más se ha obsesionado con el arte de soñar. A fines del siglo XIX, Freud revolucionaría el mundo del sueño con sus teorías: “La interpretación de los sueños” sería el nombre que recibiría su pequeño manual. En él, Freud los estudió como una forma de comprender diversos aspectos sobre la personalidad humana; especialmente aquellos que evocan a trastornos y problemas de índole psicológica.

Básicamente Freud sostenía que ningún sueño se provocaba por fortuna o azar, cada manifestación de la mente tenía un “porqué”. Además, se interesó especialmente en el contenido sexual de los sueños, y él vio a menudo los objetos ordinarios en los sueños como representaciones del deseo sexual.

Aún hoy en día, las definiciones de Sigmund Freud son consideradas como fundamentales a la hora de hablar sobre los sueños.

En fin, de todos modos, si dejamos de lado las denominadas “teorías” y entramos en el campo de la ciencia encontramos respuestas un tanto diferentes: los científicos definen al “ensueño” (forma correcta para referirse al acto de soñar) como un proceso mental y natural que ocurre de forma involuntaria. Al soñar nuestra mente genera y acomoda de forma aleatoria diferentes imágenes, sonidos y sensaciones almacenadas en nuestra memoria mediante experiencias vividas.

Los recuerdos que uno mantiene al despertar son variados y van desde lo más sencillo -una mera situación- hasta lo más elaborado -toda una historia-. Los científicos han decidido dividir el soñar en varias etapas y las mismas están dadas de acuerdo a los movimientos oculares del ser humano:

– Sueño ortodoxo: Corresponde a un sueño sin movimientos oculares rápidos y se encuentra subdividido en otras cuatro fases. La primera de ellas nos mantiene en un estado de relajación previo al sueño en el cual manifestamos ensoñaciones cortas, con imágenes a color y bien detalladas. La segunda etapa nos ocupa casi el 50% del total de nuestro sueño presentando lo que vulgarmente podríamos definir como “la trama o historia” .

Finalmente, en las últimas dos fases, manifestamos una pérdida de conciencia, nos alejamos completamente del mundo y exhibimos una reposición de aquellas fuerzas perdidas durante el día.

¿Alguna vez alguien sintió que se estaba cayendo de la cama? Ok, esa sensación ocurre en esta última fase, recibe el nombre de “mioclonias” y se trata en verdad de pequeños ataques epilépticos (¡no se asusten che, dije “pequeños”!).

Ah, por cierto: las pesadillas -y en algunos casos el sonambulismo- también ocurren en esa secuencia final del sueño ortodoxo -la cuarta y última-.

El fenómeno de las pesadillas se debe a circunstancias del siguiente tipo: inseguridad, nerviosismo, stress o cambios bruscos en el sueño producidos por ejemplo por situaciones insignificantes como el ruido de la heladera (…somos unos pavotes). En definitiva, no hablamos de nada que no sea normal en la mayoría de las personas.

El caso del sonambulismo es más complejo pues se trata de un trastorno en el cual el individuo padece cómo aquellas reacciones normales creadas por la mente son acompañadas por otras físicas que pueden producir daños colaterales (vale aclarar que mientras el sonambulismo en los niños es considerado normal y de bajo riesgo, el de los adultos debe ser tratado).

– Sueño paradójico: También conocido como “sueño jouvet” (por Michel Jouvet, profesor e investigador) es el propio dado por movimientos oculares no tan rápidos. Como el sueño ortodoxo, éste también posee diferentes fases. La primera (transición de vigilia al sueño) suele ocurrir una hora y media después de empezar a dormir. Aparece de forma repentina y la visualización o imaginación que manifiesta el individuo en esta etapa es bastante clara. Ya en la fase dos encontramos variaciones: si la persona esta muy agotada, la duración del sueño puede ser corta o fácil de interrumpir (empujón, cambio de posición, etc.) y si, por el contrario, denota relajación puede llegar a prolongarse notablemente.

Una vez en fase REM se activa el llamado “sistema simpático”: esta fase está relacionada con la sexualidad y diversos estímulos. Por otra parte, aquí el cerebro ordena el envío de ciertas sustancias al cuerpo que provocan parálisis en el durmiente (la cual es necesaria para que la persona no se haga daño al vivir alucinaciones oníricas).

Ahora: ustedes se estarán preguntando, y con razón, ¿cómo es que la ciencia puede determinar este tipo de cosas?. ¿Cómo llegan los científicos a obtener esos resultados?. ¿Le han partido la cabeza con un hacha a alguien?. La “Polisomnografía” es una prueba clínica básica y fundamental para el estudio del sueño y, obviamente, cualquiera de sus patologías. Esta consiste en la medición de diversos parámetros mediante censores conectados a un polígrafo que registra en papel -ahora a través de computadoras, claro- las distintas variables que interesan en cada caso: respiración, movimientos corporales, fases del sueño, EEG (electroencefalograma), movimientos oculares, electrocardiograma, existencia de ronquido. Incluso ésto puede registrarse mediante cámara de video de infrarrojos (sincronizada).

Todos estos censores registran un tipo de información que se dibuja en papel continuo, o monitor, para su posterior análisis conjunto. Como vemos, la tecnología no es solo cosa de sueños…o en verdad sí lo es.

Aún nos queda repasar otra parte en esta historia sobre los sueños y es la escrita por la “parapsicología”. Por ejemplo, en muchas culturas esotéricas creen en distintas posibilidades dadas a través de los sueños: una de ellas son las llamadas “premoniciones” o “precogniciones”.

¿De qué hablamos?. De la capacidad para conocer hechos antes de que éstos ocurran. Comúnmente el fenómeno de la precognición está asociado a capacidades paranormales y, de hecho, se dice que la mayoría de las veces la precognición que experimenta el individuo no obedece a su voluntad y ocurre de una forma inesperada y espontánea. Las premoniciones se pueden manifestar de distintas formas: a través de sonidos, imágenes o sensaciones.

Quizás la más extraña teoría esotérica relacionada con los sueños es la conocida como “Proyección Astral”. En este caso, hablamos de un fenómeno más complejo pues ocurre cuando la conciencia se separa del cuerpo. Los parapsicólogos afirman que se trata de “un viaje astral en el cual el alma pasa a moverse dentro de un mundo paralelo (plano astral) diferente al que conocemos”. Curioso.

Psicólogos, científicos, artistas, parapsicólogos: hasta aquí, leyendo este análisis, parecería ser que cada especialista tiene una explicación diferente acerca de los sueños, ¿verdad?.

En parte es lógico y nos remite a una de las discusiones más viejas del mundo: la ciencia vs. la fe.

Mientras para algunos el “amor” es una mera liberación de endorfinas en el cuerpo, para otros significa una sensación imposible de describir; mientras para algunos una “lágrima” es una reacción corporal canalizada en los ojos para otros se traduce como un desborde en el alma.

Lo mismo ocurre con los sueños: puede que para algunos solo sea un proceso natural, pero para otros es mucho más que eso. Tanto que no alcanza un artículo periodístico para describirlo.

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