La TV y los videojuegos, ¿incentivan la violencia?

Posted on 3 abril, 2008. Filed under: ¿? |

por Aversa
A los tres años ya saben prender la computadora. A los cuatro buscan las páginas con jueguitos. A los cinco aterrizan un boeing virtual con 200 personas a bordo. A los 6 gobiernan una ciudad. Los chicos de hoy no son como los de antes. En la era de la informática, manejan el lenguaje tecnológico con tal facilidad que son la envidia de los adultos.

Por eso, cuando su sobrino de ocho años le comentó que creía que debía bajar los impuestos de una ciudad virtual (como se estila en el famoso juego Simcity), el escritor Steven Johnson, periodista egresado de la Universidad de Columbia (U.S.A.), percató que un fenómeno inédito sucedía con el chico si lo comparaba con su propia niñez. Y se animó a afirmar que la cultura de masas está haciendo a los chicos cada vez más inteligentes.

Su libro "Everything bad is good for you. How today’s popular culture is actually making us smarter" (algo así como Todo lo malo es bueno para usted. Cómo la cultura de masas nos está haciendo cada vez más inteligentes), estuvo varias semanas en la lista de best sellers.

Cultura de Masas

Johnson fue un ávido lector desde su más tierna infancia, su pasión por los videojuegos fue inmediata, aun así no era obsesivo… Hasta que aparecieron Myth y Simcity. Ese último, el videojuego más vendido de la historia, es uno de los ejemplos que utiliza para argumentar su teoría. En el escenario de una gran ciudad virtual, en donde conviven cientos de miles de habitantes, el jugador es un alcalde omnipotente que debe ocuparse de todo lo relacionado a la organización de la urbe: desde el tránsito hasta los problemas demográficos, las presiones sociales y las catástrofes climáticas. “Si le hubiera querido explicar esto a mi sobrino de 8 años, se hubiera quedado dormido en menos de 5 minutos, pero al ser un juego todas las antenas están atentas a lo que está sucediendo”, ejemplifica Johnson.

Los videojuegos son el primer medio de masas nacido en la era informática y están a mitad de camino entre la computadora y la televisión. Irónicamente, el capítulo que le dedica en su libro comienza con un comentario extraído de la última edición del Dr. Spock, revisada y adaptada al nuevo milenio. “Lo mejor de los videojuegos es que estimulan la coordinación visual-manual en los niños. Lo peor, es que promueven la respuesta agresiva y violenta a los conflictos. Pero lo único que se puede afirmar con certeza es que la mayoría de los videojuegos son una colosal pérdida de tiempo”. Jonson, al igual que el legendario Dr. Spock, coincide en fomentar la lectura en los niños, pero asume que, por más lector voraz que sea un niño, va a pasar mucho más tiempo con los juegos, la TV, las películas o Internet.

Un nuevo lenguaje

“Para poder seguir la complejidad de la trama de los programas de televisión, la mente hace el mismo trabajo que si estuviera estudiando matemáticas o jugando al ajedrez”, apunta Johnson, quien compara las series emblemáticas de los años setenta, como fueron El show de Mary Taylor Moore o Starsky y Hutch, con los programas modernos como Los Sopranos, 24 y hasta Los Simpson. “Ha aparecido otra clase de televisión inteligente que posee una trama entrelazada en la que se cruzan diferentes historias que, de alguna manera, están conectadas. Ya no existe, como sucedía hace unos años atrás, una sola línea narrativa sino varias que se desarrollan en forma paralela”.

Pensar a la televisión como virtuosa en los tiempos que corren es, al menos, revolucionario. Johnson lo sabe: “Se pueden cuestionar los contenidos: la decadencia moral o los estándares de comportamiento comunicados bajo estas forma, escribe más adelante. Creo que estamos sobreestimando el alcance que los valores que transmite tienen sobre la persona. La mayoría de la gente entiende que los personajes de la televisión son de ficción y que el fin es entretener y no educar”.

Aun así augura que estamos criando una generación de “genios” con conocimientos nulos acerca de la ética. Según Johnson las mentes de los niños están siendo desafiadas por nuevas formas de tecnología. Porque no sólo los programas se volvieron más complejos sino que también se multiplicaron los medios para acceder a ellos: weblogs, los teléfonos celulares, el mp3. “La celeridad del acceso a la información permite que la mente esté en varias cosas a la misma vez, pueda interactuar, tener conversaciones simultáneas”, escribe. Además, mientras hace algunos años la televisión nos encerraba en las cuatro paredes de nuestros hogares, la web nos abre un mundo nuevo de relaciones… virtuales, pero relaciones al fin.

Compartir la cultura

“Análisis de sistemas, teoría de probabilidades, reconocimiento de patrones y mucha paciencia, son sólo algunas de las herramientas que se volvieron indispensables para dar sentido a la cultura moderna”, explica Johnson. “Y este tipo de educación no está sucediendo en las aulas o en los museos, sino frente a la pantalla de la TV y las computadoras”. Según el autor, la cultura popular se ha vuelto más compleja y sofisticada y esto lleva a que nuestras mentes se vuelvan cada vez más afiladas.

¿La buena noticia? Afortunadamente los chicos no están siendo educados exclusivamente por los videojuegos o los teléfonos celulares, sino que todavía hay escuelas que transmiten la sabiduría que la cultura popular fracasa en impartir.


Artículo publicado por Aver S.A, empresa especialista en contenidos editoriales segmentados.

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